La edición LX del Super Bowl, celebrada el pasado 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, no solo ofreció un duelo deportivo de alto nivel, sino que se convirtió en un fenómeno global de audiencia y cultura popular.
El duelo entre Seattle Seahawks y New England Patriots concluyó con triunfo de Seattle por 29-13, consolidando su segundo título de Super Bowl en la historia de la franquicia, 12 años después de su primera conquista. En el terreno de juego, la defensa sólida de los Seahawks y la destacada actuación de su ataque marcaron el ritmo del partido desde el inicio.

Audiencia global y récord de transmisión
El evento fue uno de los más vistos de la historia reciente en televisión: la transmisión promedió alrededor de 124.9 millones de espectadores en Estados Unidos a través de las principales plataformas de NBCUniversal —incluyendo NBC, Peacock, Telemundo y NFL+— y alcanzó picos de audiencia aún mayores a lo largo del encuentro. Esta cifra convierte al Super Bowl LX en uno de los eventos deportivos más seguidos a nivel mundial, pese a situarse ligeramente por debajo del récord absoluto del año anterior.
La cobertura en español tuvo también un impacto destacado, con Telemundo registrando récords de audiencia durante el espectáculo de medio tiempo, una señal del creciente interés del público latinoamericano en el football americano.
Show de medio tiempo y repercusión cultural
El espectáculo del medio tiempo estuvo encabezado por el artista latino Bad Bunny, acompañado por invitados como Lady Gaga y Ricky Martin, marcando una de las presentaciones más comentadas de la historia del evento. La producción musical no solo celebró ritmos latinos, sino que también fue objeto de amplias conversaciones culturales en redes sociales y medios internacionales, generando miles de millones de visualizaciones en plataformas digitales tras su transmisión.
Más allá del deporte
El impacto del Super Bowl LX trascendió el ámbito deportivo. Las marcas anunciantes pagaron tarifas millonarias por espacios publicitarios, superando los 8 millones de dólares por 30 segundos de publicidad, un reflejo de la importancia global del evento como plataforma comercial.
Además, el espectáculo y la respuesta de diferentes públicos —incluidas reacciones desde círculos políticos y sociales en Estados Unidos— ilustran cómo un gran evento deportivo puede funcionar como un espacio de debate cultural y mediático en tiempos contemporáneos.
En suma, el Super Bowl no solo coronó a su campeón de temporada, sino que consolidó su lugar como un fenómeno global que combina deporte, entretenimiento, economía y cultura en un solo escenario.


