Un esqueleto de Nanotyrannus, una especie de dinosaurio emparentada con el famoso Tyrannosaurus rex, alcanzó un precio de 47.3 millones de dólares durante una subasta realizada en Nueva York, convirtiéndose en el segundo fósil de dinosaurio más caro vendido en la historia. La pieza, identificada con el nombre de “Jodi”, superó ampliamente las expectativas de la casa de subastas Sotheby’s, que había calculado obtener entre seis y nueve millones de dólares por el ejemplar. La venta se concretó después de una intensa competencia entre seis compradores que participaron por teléfono y medios digitales durante aproximadamente 12 minutos. El resultado sorprendió al mercado internacional de coleccionismo y volvió a colocar los fósiles prehistóricos entre los objetos más cotizados en las grandes subastas.
El ejemplar tiene aproximadamente 67 millones de años de antigüedad y fue descubierto en 2019 en un terreno privado ubicado en Montana, Estados Unidos. Su nombre hace referencia a Jodi Pierson, propietaria del rancho donde fueron encontrados los restos fósiles. La excavación estuvo a cargo de especialistas que lograron recuperar una importante cantidad de piezas óseas para reconstruir el esqueleto. De acuerdo con la información presentada durante su exhibición, la estructura mide aproximadamente 19.6 pies de largo, equivalentes a cerca de seis metros, y alcanza una altura de 9.6 pies. El conjunto está integrado por alrededor de 191 elementos óseos fósiles, lo que lo convierte en uno de los ejemplares de Nanotyrannus más completos conocidos hasta ahora.
Una de las características que incrementó el interés científico y comercial por este fósil es la controversia que durante décadas existió alrededor de la identidad del Nanotyrannus. Durante mucho tiempo, algunos paleontólogos consideraban que los ejemplares de menor tamaño atribuidos a este dinosaurio en realidad correspondían a ejemplares jóvenes de Tyrannosaurus rex. Sin embargo, investigaciones recientes aportaron evidencias anatómicas y de desarrollo que respaldan la existencia del Nanotyrannus como un género distinto. Estudios publicados en revistas científicas durante 2025 contribuyeron a fortalecer esta interpretación, convirtiendo al ejemplar Jodi en una pieza especialmente relevante para el conocimiento de los grandes depredadores del periodo Cretácico. Este avance científico también influyó en el interés que despertó su aparición en el mercado internacional.
Aunque ambos dinosaurios compartieron el mismo periodo histórico y habitaron regiones de Norteamérica, el Nanotyrannus tenía características físicas diferentes a las de su pariente más conocido. Su tamaño era considerablemente menor, aproximadamente la mitad de la longitud de un Tyrannosaurus rex adulto, pero contaba con extremidades delanteras más largas, garras prominentes y dientes delgados con forma de cuchilla. Estas particularidades permiten distinguirlo de otros grandes depredadores prehistóricos y comprender mejor la diversidad de especies que existieron al final del Cretácico. El ejemplar subastado representa una oportunidad importante para estudiar su anatomía y evolución, debido a la cantidad de estructuras óseas conservadas. Sin embargo, la identidad de quien adquirió el fósil no fue revelada públicamente después de concretarse la operación.
Con esta venta, Jodi solamente quedó por debajo de otro esqueleto de dinosaurio conocido como Gus, un Tyrannosaurus rex que alcanzó los 50.1 millones de dólares durante una subasta realizada en julio de 2026. El resultado también superó los 44.6 millones de dólares pagados en 2024 por Apex, un ejemplar de Stegosaurus que anteriormente había establecido una de las cifras más elevadas en el mercado de fósiles. La sucesión de estas operaciones refleja el creciente interés de coleccionistas privados por adquirir restos prehistóricos excepcionales. No obstante, los precios alcanzados también han generado preocupación entre integrantes de la comunidad científica, quienes advierten que la compra de fósiles por particulares puede limitar su disponibilidad para investigaciones y exhibiciones públicas.
La comercialización de Jodi reabrió el debate sobre el destino de los grandes descubrimientos paleontológicos y la importancia de mantener ejemplares relevantes al alcance de investigadores y museos. Algunos especialistas consideran que fósiles de esta categoría deberían permanecer en instituciones públicas para facilitar su estudio, conservación y exhibición, mientras que otros reconocen los costos y esfuerzos que implica localizar, excavar y preparar piezas de semejante magnitud. Por ahora, el comprador de este Nanotyrannus permanece en el anonimato y se desconoce si el esqueleto será exhibido públicamente o permanecerá en una colección privada. Su venta por 47.3 millones de dólares representa un acontecimiento histórico para el mercado de fósiles y vuelve a demostrar el enorme valor económico que pueden alcanzar los vestigios de animales que habitaron la Tierra hace millones de años.


