El gobierno federal anunció la implementación de un modelo de Salud Universal, que permitirá a toda persona recibir atención médica en instituciones públicas sin importar su condición laboral. Con esta medida, se busca eliminar la dependencia del empleo para acceder a servicios médicos y garantizar cobertura nacional.
El proyecto arrancará en 2026 con la entrega de una credencial única, que servirá para identificar a los usuarios y abrir el acceso general. Posteriormente, se desarrollará en cuatro etapas que incluyen la integración de herramientas digitales como inteligencia artificial, consultas por video y la creación de un expediente clínico compartido entre instituciones.
La iniciativa pretende reorganizar el sistema público bajo un modelo común de registro y canalización, facilitando el acceso a hospitales y clínicas del IMSS, ISSSTE y demás instituciones. Sin embargo, especialistas advierten que el reto será garantizar infraestructura suficiente, personal médico capacitado y un presupuesto adecuado para sostener la universalización.
Actualmente, México destina entre el 2.6% y 2.8% del PIB a salud, cifra inferior al 6% recomendado por la OMS. Además, el país cuenta con 2.3 médicos y 2.7 enfermeras por cada mil habitantes, lo que podría generar saturación hospitalaria y desabasto de medicamentos si no se refuerzan los recursos.
El proyecto de Salud Universal representa un cambio estructural en el sistema de salud mexicano, con la promesa de acceso sin barreras laborales y una integración tecnológica progresiva. No obstante, su éxito dependerá de la capacidad del Estado para garantizar atención de calidad y resolver los desafíos que acompañan la transformación.


